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Cultura y Tradición

Con la excepción de Eivissa, todas las poblaciones de la isla tienen nombres de santos, igual que Santa Eulalia del Río. ¿Pero cómo llegó la pequeña ciudad a su nombre? Todo comenzó a finales del siglo 3, cuando una chica joven, a la que se atribuían facultades excepcionales, vivía en la ciudad catalana de Sarrià. Según la leyenda, Eulalia no sólo ayudaba a los necesitados, sino además tuvo el don de terminar con sus lágrimas con un periodo de sequía y llenar todos los pozos de la provincia, ya que el cúmulo de sus lágrimas se convertía en un río de tal magnitud como no se había visto en la provincia en muchos años.
Después de que las tropas catalanas-aragonesas, mandadas por Guillem de Montgrí, expulsaran en 1235 los moros de Ibiza, los conquistadores cristianos buscaron nombres para las pocas poblaciones existentes. En un principio se dividió la isla en los llamados cuartos, pero así no se podía quedar. Unos años después los nuevos gobernantes de la isla reflexionaron sobre sus raíces catalanas y se decidieron por nombres de poblaciones de trasfondo religioso. Cuando se dieron cuenta de que el único río de la isla (y de las Baleares) desembocaba en un pequeño pueblo en el oeste de la isla se acordaron de aquella Eulalia de Sarriá, que venció la sequía gracias a sus muchas lágrimas. Así fue como Santa Eulalia del Río consiguió su nombre.
Aunque cada municipio de Santa Eulària celebra su propia fiesta patronal, la mayor de todas las fiestas de la población es la fiesta de mayo, que se celebra todos los años el primer domingo del mes. Los carruajes ricamente adornados y tirados por caballos que recorren las calles de la ciudad, imprimen desde hace muchas décadas la inconfundible estampa de las festividades de mayo. Durante un mes se suceden conciertos, desfiles y eventos culturales de todo tipo. Al final los lugareños extenuados de tanta fiesta ya solo logran musitar „venim de maig“.
La fiesta de Mayo también tiene su origen en una leyenda, y es la siguiente: 
Fue un primer domingo de mayo hace muchos, muchos años recién terminada la misa matutina en una pequeña capilla en la colina de S’Eglésia Vella. El grupo de feligreses que se había congregado dentro y fuera de la capilla se disponía a volver a su casa cuando un tremendo estrépito y retumbo rompió la calma dominical. Cuando el estruendo terminó, los feligreses se dieron cuenta de que la capilla en la que habían estado reunidos hace solo unos instantes se había precipitado por la ladera de la colina y sus restos habían desaparecido en el mar. La circunstancia de que el accidente no tuviera graves consecuencias hizo que se considerara un milagro y desde entonces se conmemora cada primer domingo de Mayo con una gran fiesta que la capilla se haya derrumbado sin lastimar a nadie.